EL TEMPLO

Arquitectura y reformas

Allá por 1936; se abría a la comunidad el templo de la Parroquia Santa María, sobre un predio de 40 metros de largo por 18 de ancho, con un área aproximada de 720 metros cuadrados en avenida La Plata 286. 

Proyectado por el arquitecto Carlos Massa en estilo neo románico lombardo, con una expresión sobria y armónica, que sintetiza las características del mismo, utilizando ladrillo a la vista como principal protagonista.

La nave central, al igual que las dos naves laterales, está cubierta por bóvedas de arista (4 en el primer caso y 7 en los dos restantes) que descansan sobre columnas cilíndricas cuyos capiteles llevan moldeadas estilizadas flores de lis, al igual que la moldura que recorre perimetralmente el templo y los arcos de sostén del paramento de la nave central. 

La altura total de esta nave es de 15 metros estando flanqueada por catorce ventanas con ajimeces que ostentan vitrales con decoraciones policromas, que al ser atravesadas por los rayos del sol dan a este templo una calidez particular: Remata la nave central en un ábside que contiene parte del presbiterio (la sede específicamente), lleva dos ventanas monóforas en los laterales y, presidiendo el templo, la imagen de la Virgen con el Niño, pudiendo apreciar sobre la misma un mosaico veneciano que representa al Espíritu Santo y sus lenguas de fuego. 

Como decíamos más arriba el presbiterio se desarrolla a partir del ábside, con nuevas características a partir del año 1995. 

En aquella oportunidad fue desarmado el antiguo altar y retablo de mármol y, con sus elementos armónicamente combinados, se realizó el que hoy podemos contemplar; como también la capilla del Santísimo, en la que remata la nave lateral derecha. 

En el presbiterio encontramos un hermoso altar de mármol de Carrara, flanqueado por el ambón, cuyo pie lo fue del antiguo púlpito, y la pila bautismal que, a partir de 1995, forma parte armónica del lugar: En oposición al presbiterio, elevado en el primer piso y sobre la fachada que da a avenida La Plata, el órgano de tubos se hace presente. 

Y así ya, sobre la misma avenida pero en planta baja, tenemos el atrio, materializado por una galería con cuatro columnas cuyos capiteles repiten los motivos decorativos de los capiteles interiores. Junto al atrio el campanario protagoniza el encuentro de avenida La Plata y Venezuela, donde el reloj nos indica, con su leyenda, que: “ya es hora de acercarnos a Dios».

Este campanario de 35 metros de altura, materializado en estilo neorománico, está dividido en seis partes mediante cornisas, apareciendo alternativamente ventanas monóforas, bíforas y tríforas, estas dos últimas con ajimeces, en los distintos bloques, completando la decoración con arquitos colgantes que se hacen presentes en toda las fachadas del edificio, referente tradicional del estilo románico lombardo. 

En el año 2019, nuestro cura párroco Pbro. Alberto Sorace, hizo automatizar el campanario y el reloj con nueva maquinaria. Desde entonces, las campanas anuncian la hora y también los llamados a Misa a todos los vecinos del barrio. 

Todo el conjunto bajo el amparo de la Virgen, que desde la ermita que está junto a la vereda de avenida La Plata (realizada también con los elementos que se obtuvieron del antiguo altar), saluda nuestro paso apurado hacia nuestras obligaciones cotidianas.

Puerta principal del Templo

Las puertas de ingreso al templo, nos anuncian que estamos dando un paso de un lugar profano a otro lugar, sagrado. Al lugar de Dios. En las puertas se inicia una peregrinación sagrada, hacia el Altar Mayor, que representa a Cristo en el mundo, porque allí en cada Misa se celebra el sacrificio de la cruz. 

Nuestras puertas de ingreso tienen la particularidad de poseer cuatro vitrales, en los que está representado el Cardenal Santiago Luis Copello, en cuatro momentos diferentes de su camino religioso: el de su ordenación sacerdotal en el año 1902, el de su nombramiento como Obispo en La Plata, en 1919, como Arzobispo en Buenos Aires en 1932 y finalmente como Cardenal en el año 1935.

Cuando la Iglesia celebra un Jubileo, como ocurrió en 2016, lo inicia con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en Roma, para indicar el paso de un tiempo hacia una nueva conversión. También el Obispo, cuando un Templo es consagrado, unge sus dinteles rezando: “Bendita sea esta puerta consagrada…que ella sea una puerta de salvación y de paz por intercesión de Aquél que se llamó a sí mismo Puerta, Nuestro Señor Jesucristo”. En la Antigüedad, cuando Israel celebraba la Fiesta de las Tiendas, cantaban al ingresar por las puertas de Jerusalén:

 “¡Abridme las puertas del triunfo y entraré dando gracias a Yahvé! Aquí está la puerta de Yahvé, los triunfadores, entrarán por ella”. (Salmo 118,19-20)

El Sagrario: Jesús Buen Pastor

En nuestro Templo tenemos una bella imagen de Jesús Buen Pastor. Esta imagen está en la puerta  del Sagrario, ubicado en la Capilla de Adoración, sobre la nave lateral derecha, cercana al Altar Mayor. 

Es un bajorrelieve realizado en bronce. En un principio este Sagrario, se encontraba ubicado en el Altar Mayor, en el ábside. Hacia el año 1995, fue trasladado hacia el altar de la Virgen de Luján, que está a la izquierda del Altar Mayor. En ese lugar, presidió la Capilla del Santísimo Sacramento hasta que fue nuevamente trasladado a su posición actual en el año 2006, fecha en la que se construyó la capilla de adoración.

Jesús se llama asimismo Puerta. Lo leemos en el evangelio de Juan, capítulo 10, versículo 9: “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo, entrará y saldrá y encontrará pasto”.

También hallamos esta imagen en el Apocalipsis, capítulo 3, versículo 20: “Mira estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré a su casa, cenaré con él y él conmigo”.

Jesús en su vida pública, se presentó como Buen Pastor que alimenta a sus ovejas, no solo con el pan material, sino con el pan de su Palabra. Aquí, el guarda la puerta del Sagrario y nos invita a acercarnos cada día más a su Palabra y a la Eucaristía.

En este Sagrario fueron reservadas las hostias que luego se transformarían en el Signo Eucarístico.

Tres representaciones de la Anunciación

En el templo hay tres representaciones de la Anunciación.

Si observamos en el atrio y sobre la puerta de ingreso, se destaca un altorrelieve de la Anunciación que está ejecutado en simil piedra. 

Otra se halla en uno de los vitrales que están en el plano superior del ábside; y una tercera en la parte inferior del Altar de la Virgen de Luján, ésta última es un bajorrelieve ejecutado en bronce. 

La Anunciación es el momento en que María recibe el anuncio de su Maternidad y quien lo hace es el Arcángel Gabriel. Este hecho está bellamente narrado en el Evangelio de Lucas (LC, 1, 26-38). Allí leemos: ”Respondió María, Yo soy la esclava del Señor; que se cumpla en mí tu palabra”. Con esta respuesta, María se puso en total disponibilidad a la voluntad de Dios, y con ello hizo posible nuestra salvación”. 

El Altar Mayor

El 16 de noviembre del año 1996 se consagró el Templo y el nuevo Altar. En la piedra Ara (piedra consagrada con una cavidad que contiene reliquias de los Santos) están las reliquias de Santo Tomás de Aquino y de San Antonio de Padua. Además se agregó una reliquia del Signo Eucarístico. Esta piedra Ara fue consagrada el 8 de mayo de 1936. 

En este nuevo Altar se preservó el frente original, muy bello sobre el cual podemos observar el monograma de Nuestra Señora, la “A” y “M” de “Ave María”.

 

Los vitrales con las letanías lauretanas

En total son trece ventanas y en ellas están representadas algunas de las Letanías Lauretanas. Estas Letanías son invocaciones, saludos, piropos, súplicas, que le hacemos a Nuestra Señora. 

Su origen es antiguo, se propagaron desde el Santuario de Nuestra Señora del Loreto (Italia) y lograron una difusión universal. 

Ellas cantan virtudes y dones de María y también son inspiradoras de obras de arte, como en este caso son los vitrales. 

En la pared derecha, entrando al Templo y sobre la calle Venezuela, coincidiendo con el Cristo de Madera, está “Janua Coeli”, que significa Puerta del Cielo. Feliz coincidencia, Cristo es nuestro Camino que nos lleva al Cielo, mientras que Ella, allá, nos aguarda para entrar. 

Las otras Letanías de los vitrales son: “Reina de los Martires”,“Estrella de la mañana”, “Auxilio de los Cristianos”,“Vaso de devoción”,“Reina de las vírgenes”, “Rosa Mística”, “Madre de la Gracia Divina”, “Asiento de la sabiduría”,“Virgen Poderosa”

La Capilla del Santísimo Sacramento

Esta Capilla fue bendecida por quien fuera Cardenal de Buenos Aires, Monseñor Jorge Mario Bergoglio (hoy Papa Francisco). Allí se trasladó el Sagrario desde 1995 pero detrás de la Custodia, se dispuso otro Sagrario, para albergar al Signo Eucarístico.

Ante la necesidad de tener un espacio de mayor silencio e intimidad con Jesús Sacramentado, surgió la idea de esta ampliación.

Aquí se trasladó el Sagrario, que desde 1995 permanecía en la Capilla del Santísimo Sacramento que había sido destinada en el espacio que hoy ocupa el Altar de la Virgen de Luján. 

La Custodia es fija porque responde al pedido comunitario, de establecer una Adoración Permanente y fue diseñada por una artista de la comunidad. 

Detrás de la Custodia, en un nicho practicado en la pared, se dispuso otro Sagrario, para albergar al Signo Eucarístico. Allí se guardan además, todos los recipientes, patenas  y vasos sagrados que estuvieron involucrados en este hecho extraordinario. 

Esta Capilla fue bendecida por quien fuera Cardenal de Buenos Aires, Monseñor Jorge Mario Bergoglio, quien es ese momento nos dijo: “Adorar es traer el Cielo a la tierra”.

La Capilla es un espacio vivo de silencio y adoración. Allí reside La Vida. Allí acudimos con nuestras cargas, dolores, sufrimientos, necesidades y agradecimientos. 

Raúl Canali canta: Tu Cuerpo se parte, tu aliento se expande y todo se llena de Ti

De este modo vivimos nuestra Capilla como un espacio lleno de Dios.

La Custodia del Santísimo Sacramento

Fue inspirada en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Se trata de una obra de arte diseñada por una artista de nuestra comunidad: Cecilia Bosio.

Jesús, en el Pan Eucarístico es presencia viva de su Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad.

Él ocupa el centro de la Custodia, se aquieta en ella y nos invita a mirarlo, lo amamos con nuestra mirada, lo adoramos, entramos en su silencio. 

Un círculo azul-celeste representa a Dios en el Cielo, Padre de Jesús y Padre nuestro. Además el círculo es también símbolo del Universo y de la Unidad de Dios Trinitario. 

Sobre el círculo, un cuadrado rojo bordó, representa al Espíritu Santo, signo del papel fecundante de Dios. Ruaj, soplo de Dios. Poder del Altísimo que cubrió a María y la fecundó. 

Adelante, un cuadrado transparente, nos remite a María de Guadalupe, Misionera y Evangelizadora de América. Contiene una trama. Son lo hilos que entretejen la tilma (túnica) del indio Juan Diego, donde Nuestra Señora imprimió su propia imagen.

Sobre este cuadrado transparente, está dibujada una flor de cuatro pétalos – Tonali- que en el imaginario indígena, significa “morada de Dios”. María de Guadalupe se presenta embarazada. Va tejiendo en su embarazo la vida de Jesús, su Cuerpo y su Sangre. 

Aquí también nosotros como comunidad, vamos tejiendo una trama en la historia de la Iglesia que nos presenta, anuncia a Jesús y nos integra con su gracia. 

La imagen de la Piedad

Se encuentra en la nave lateral izquierda, resguardada por una vitrina. La Madre conmovida, siente piedad por su Hijo muerto, lo cubre con su manto, hace el duelo, lo está velando.

No conocemos el origen de esta imagen, ni cuándo llegó. Suponemos por su morfología, podría ser de origen español. Hacia el año 2014 fue restaurada; se reconstruyó el apoyo, se lavaron sus vestidos y también se cambió su manto, que estaba deteriorado por el paso del tiempo. 

Nos invita a meditar sobre el profundo dolor de la Madre por su Hijo, tan injustamente muerto. Es la Madre del dolor, como tantas madres que actualmente sufren la pérdida de sus hijos.

La forma de esta imagen es piramidal. Se asimila a la forma de una Capilla. Imagen de María, Madre de la Iglesia, que contiene con ella bajo su manto a su Hijo y a todos nosotros que conformamos el Pueblo de Dios.